Un deseo incocebible. Unas ganas irracionales. Un deseo loco. Una furia tempestuosa.
Ganas de vivir y seguir viviendo y seguir viviendo. De morir y seguir muriendo y seguir muriendo. En el limbo, en el éxtasis de desear sin saber si se es deseado. De pensar sin saber si se es pensado. De fantasear sin saber si siquiera recuerda tu apellido.
No soy Ícaro. Mis alas no se queman ni se caen... estan cerca del sol... lo suficiente como para estar calientes y casi safarse, pero para sentirme viva con el fuego que quema sin ser quemado. Ese sol que quema, quema quema. Hace arder la piel y pone a hervir el alma. Ese sol es usted. Indiferente ante mi destino.
No puedo desear mas que se vaya la luna para regrese el sol, que regrese y pueda volar debajo de el, tan cerca pero tan lejos. Tan caliente pero tan frío, tan grande que me hace sentir pequeña, pequeña como una abeja, más frágil que un diente de león, que tiembla ante la idea de ser siquiera una rayita en tu vida.
Pero pues no queda mas que planear por el cielo. Siguiendo el sol, hasta que se de cuenta que ahi estoy, mientras mis alas aguanten y no caiga al mar y me vuelva sirena. Y ahí, inclusive ahí en el fondo del mar, el calor de ese recuerdo que no tuve porque la vida no me lo presto, me va a hacer mirar hacia arriba y sin importar lo turbia que este el agua, voy a poder sentir esos rayos de sol.
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