Es una noche de esas oscuras, en las que el smog no impide que se vean las estrellas. Se ve todo el firmamento con esas escarchitas hermosas que brillan como diamantes. Es triste pensar que llega su hermosa imágen a nosotros y quizás ya estén muertas. Muertas por dentro y por fuera.
Muertas como mi esperanza.
Distraigo mi mirada hacia otras estrellas, pero la que busco evitar es esa que nombramos juntos, en esas noches en las navegabamos en aguas cristalinas, en esos momentos en los que no sabes si estas soñando o es una realidad que no crees merecerte.
Les pusimos nombres a cada una de ellas. Discutiamos de como no parecian constelaciones las constelaciones. El cinturón de Orión parecía una serpiente. Tauro era un papelote. Pensabamos en esas cosas que solo los niños piensan, o aquellos que aun tienen un niño en su corazón piensan.
Pero siempre hablabamos de como serian en este momento esas estrellas tan hermosas. Como talvez eran ahora viejas, o estaban ya en el descanso eterno, como parte de la nada.
Esa nuestra estrella me hace recordar, sufrir, reir y sentir. Quiero creer, quiero pensar que aun te acordás de mi, y que quizás solo quizás, en esta nocha estás viendo esa estrella. Estamos bajo el mismo cielo, soñando con la misma estrella, tratando de recordar serpientes y papelotes.
Mi estrella. Mi lucerito... Mi escarchita... Brilla como siempre, ama como nunca y espero que estés brillando como siempre, y que eso que veo en el cielo no sea una visión post-mortem de tu felicidad, sino como estás ahora en realidad.
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